domingo, 20 de septiembre de 2026

Del orden (o asuntos del Cosmos).

Las fuerzas cósmicas tienen por finalidad ordenar el movimiento de la experiencia viva. Ello repercute en cada circunstancia, en todo tiempo y lugar, por lo que nunca un ser humano podría eximirse de aquello. La ilusión de control se desvanece, no puede mantenerse frente a las fuerzas divinas. No es recomendable confundir, en todo caso, el poder de la fuerza divina a aquel que deriva de las razones humanas, pues ello nos hace caer en la debilidad y la impotencia. A dejarnos llevar por la corriente y así desistir de la ruta del autoconocimiento. Por otro, la soberbia de considerarnos como si estuviéramos por sobre toda circunstancia es causal de roce y accidente. Quien pretende dominar a otros ignora su propia imposibilidad, lo cual ciertamente lo puede ayuda a triunfar en el mundo material, pero al mismo tiempo fracasar rotundamente en el mundo espiritual. Los humanos podemos optar a conocer las reglas del juego divino, por cierto, a desarrollar la fe y el amor, siempre a sabiendas de que somos sólo un breve espacio de la totalidad, que se constituye con nosotros, y que nos necesita, pero no nos considera imprescindibles. El orden cósmico, aquel que permite mantener equilibradas las polaridades, se manifiesta a cada instante, y si dicho conocimiento es correctamente comprendido y aplicado, puede ser abono para una abundante cosecha.

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