miércoles, 16 de septiembre de 2026

Crisis moral.

Me hallaba cursando el último año de mi etapa escolar, por allá en el 2008. Ese año, conversando con Pablo Acuña -mi profesor de biblioteca, y quien fuera el gran responsable en mi despertar como lector, puesto que me sugirió la lectura del ejemplar de "Crimen y Castigo" habido en sus territorios-, le señalé convencido que visualizaba la existencia de una "crisis moral" en la humanidad, lo que yo asociaba a serios problemas de conducta y de prioridades entre las personas. Como mi profesor me escuchó decir la palabra "moral", entonces me respondió algo así como "eso suena bien conservador", y yo que me hallaba, además, en una etapa germinal en mis primeras identificaciones políticas con las ideas de izquierda -y como sentía gran admiración por mi profesor-, entonces rechacé mi propia elucubración y no la desarrollé más allá.

En ese momento, observaba serios problemas asociados al consumismo, y al mismo tiempo, consideraba que nuestras formas de relacionamiento carecían de valores mínimos. Me cuestionaba el hecho de que las personas ensuciáramos los ambientes en que nos desenvolvíamos, o que no tuviéramos mínimos de empatía con los demás. 

Con el pasar del tiempo, todas esas ideas las fui enmarcando dentro de mis concepciones políticas de izquierda. Dicho de otro modo, empecé a culpar al sistema de aquellos problemas, pasando por alto toda idea que pudiera asociarse a la responsabilidad individual. 

De ese momento ya han pasado 18 años, y luego de muchos años de recorrido, retomo con fuerza esta idea: la humanidad se encuentra, hace ya varias décadas, atravesando una severa crisis moral, lo que se denota en los severos problemas de prioridades que se manifiestan en nuestras variadas conductas, las cuales suelen obedecer a patrones masivos, es decir, valoramos aquello que todos hacen, muchas veces sin siquiera cuestionarlo.

Recientemente vi un extracto de un vídeo donde se entrevistaba al famoso astrónomo José Maza. En él, en tono absolutamente burlesco, el afamado científico cuestionaba la Astrología utilizando argumentos derechamente infantiles, y demostrando su absoluto desconocimiento sobre tan profunda disciplina. Por cierto, la aprobación de la masa no se hizo esperar. O sea, un científico opinando sobre algo ¿Debe ser cierto, no? Llega a ser trágico, pero es como si estuviéramos caminando hacia el despeñadero con una sonrisa de oreja a oreja, absolutamente distraídos. También he visto cientos de expresiones hechas por divulgadores de ciencias, quienes dedican horas de trabajo a publicar contenidos breves que tienen por finalidad, en esencia, desacreditar a la espiritualidad, tachándola de "creencia" o "charlatanería", pero sin jamás expresar si es que siquiera se han abierto en parte a caminar por dicha ruta. Es impresionante ver, además, el eco que esto tiene en las personas, que aprueban dichas expresiones, sea porque lo dice una "autoridad", sea porque comparten los mismos prejuicios, lo cual paradójicamente los hace caer en el terreno de la creencia. 

Me pregunto honestamente cuánta utilidad tiene todo el conocimiento que puede llegar a poseer un estudioso de las ciencias, y si eso le ayuda o no a vivir mejor.

Si observamos la finalidad de los diversos saberes que se comparten, notaremos como la gente los acumula, pero no es capaz de darle un sentido concreto que le permita mejorar su propia vida. No los digiere, simplemente los acumula. Ello también es expresión de la crisis moral que vivimos, puesto que admiramos a personas que, muy bien intencionados, divulgan prejuicios y discursos facilistas, incluso dentro de formatos como las redes sociales, que suelen no permitir ningún tipo de profundidad.

Dicho eso, resulta claro que los contenidos que ahí se comparten, siendo en la actualidad el mayor foro humano existente, están hechos para causar impacto, es decir, no busca la verdad sino más bien la identificación emocional, razón por la que las ediciones son cada vez más sofisticada, y la música muy bien elegida. Naturalmente existen ejemplos honrosos, con contenidos que verdaderamente poseen calidad, siendo éstos los menos.

Podría enumerar cientos de inconductas o problemas morales que se observan desde hace años, pero no tiene mucho sentido. Todo quien observe con un poco de detenimiento a las demás personas y sobre todo a sí mismo, entenderá a qué me refiero.

Por mi parte, y frente a esto que hace dieciocho años se me insinuó y que hoy puedo seguir complementando, prefiero quedarme con aquello que enseñan los principios naturales, y particularmente, con el de polaridad. Si aquello que es inmoral, falso o ruidoso aparece con tanta vehemencia en nuestras relaciones, quiere decir que, en otra parte, se está gesta la Verdad y la correcta moral -pues una cosa no se entiende sin la otra-, y los Seres Humanos que optan con brutal honestidad por su evolución, están buscando situarse, sin caer en la soberbia, en el polo de la realidad en que se promueve la elevación y el despertar de la conciencia planetaria. Sólo hay que quererlo, y saber elegir desde dónde nos queremos mover.  

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