jueves, 23 de abril de 2026

La modesta espiritualidad

Por cada día que pasa, más me aproximo al convencimiento de que el camino espiritual es sobre todo una cuestión simple y sencilla, lo que no quiere decir que sea fácil, todo lo contrario. 

Digamos que pareciera ser "un trabajo" que requiere de esfuerzo y cierto sacrificio, a fin de honrar su nombre "espiritual", lo que es sinónimo de darle espacio a nuestro espíritu para que se exprese en la materia. Ello no es igual a renegar de lo material, sino más bien, de permitir que lo concreto se subordine a lo invisible; que el cuerpo obedezca al espíritu, y no al revés. 

Durante mi vida he explorado muchas formas (mayoritariamente de forma intuitiva) que me han permitido esa conexión, pero cada día tiene su afán y fácil es olvidarse y entrar en la vorágine del sistema, que nos impulsa a vivir a un ritmo frenético y antinatural olvidando incluso nuestra propia respiración, la que es fundamental puesto que nos conecta con el flujo de la vida (la ciencia diría que permite la oxigenación del cerebro, pero me parece que el asunto es más amplio que ello). Gracias a ello, he podido aprender que llegar al espíritu es simple, que más que nada nos pide conformidad y saciedad -sin caer en la debilidad-, pero de todos modos cuesta por habernos acostumbrados a la complejidad y al exceso de información, en un sentido amplio de la palabra. 

La simpleza del camino espiritual se muestra en que a veces sólo basta bajar el ritmo de los pasos y prestarle atención a las sensaciones presentes a fin de poder conectar, y la paradoja es que eso es fácil y difícil, pues estamos programados en sentido inverso. No podremos vivir espiritualmente sin sacrificar costumbres provenientes de nuestra realidad material, y supongo que cada cual sabrá dónde le aprieta el zapato. Si no sabes, te sugiero prestar atención a las personas de tu entorno, ver cómo caminan, cómo se expresan, en qué ocupan su energía, cuáles son sus prioridades. Verás que no son muy distintas a las de otras personas. Fíjate en tus propias formas y en aquellas expectativas que tú mismo tienes ¿De dónde vienen? ¿Son mías, o las aprendí de mi sistema familiar y cultural? 

Lo bonito de todo esto es que dicho sacrificio de aquello que realmente no nos pertenece trae una recompensa expresada en tranquilidad y fe, en sosiego, y que contrario a las grandes expectativas formadas en cuanto a posibles saltos cuánticos, ascensiones, vida eterna, nueva humanidad o iluminación, no posee ningún tipo de espectacularidad, ya que la verdadera espiritualidad es modesta, y se se sitúa por fuera del exceso de condimentos que trae el modelo actual de vida humana. 

viernes, 13 de marzo de 2026

Capacidad humana.

En cada acción realizada, los humanos estamos movilizando nuestra energía interna. 

A diferencia de otras especies, podemos decidir hacia dónde dirigir esa energía, pues poseemos la potencia de la voluntad, la que nos permite dotar de conciencia nuestras acciones, es decir, de elegir lo que hacemos y saber porqué lo estamos eligiendo.

Esa potencia, para convertirse a fuerza de voluntad desarrollada, requiere de entrenamiento cotidiano, muchas veces se trata de pequeñas prácticas, tales como omitir ciertos actos, o ejecutar sólo un acto a la vez, cuestión que en tiempos de sobre estimulación como los que vivimos se vuelve desafiante. Hoy es común vernos caminando y hablando por teléfono u oyendo música, o hablando mal de otros, entre otras conductas normalizadas que deterioran nuestra fuerza de voluntad.

A su vez, hemos podido crear normas éticas de conducta, lo que eventualmente nos diferencia de las especies que sólo actúan por instinto. Digo eventualmente, pues a pesar de la existencia de valores que permiten una convivencia compartida y ordenada, sigue existiendo el egoísmo, el engaño, el abuso, el odio, entre otras tendencias nocivas y divisorias. 

Es por eso que importa el autoconocimiento, pues una mirada honesta sobre nosotros mismos nos permite descubrir nuestros defectos y conductas "animales" arraigadas, y que en virtud de nuestra potencia divina es que podemos superar y trascender. No hay mayor bendición que descubrir aquello en que estamos fallando

Cuando se avanza hacia la conciencia, que no es otra cosa que un camino espiritual, entonces esa energía interna, siempre en movimiento, se utiliza con discernimiento y sabiduría, no de forma automática como estamos acostumbrados. Ahí está, sin duda alguna, el mejor aporte que podemos hacernos a nosotros mismos y a los demás. 

martes, 10 de febrero de 2026

Impermanencia

Nuevos pasos hemos de dar

cada día, sin parar

no hay día sin movimiento

sin vibración

vida es permanente cultivo

fuerza creadora

inseparable agonía

trascendencia cotidiana

no te ocultes

no te coloques en el blanco

¡vive! ¡vive!

observa, acciona

transforma

sé uno con la alquimia

eres el precioso metal

la poderosa esencia

Alma de Diamante, desnuda

no importa el ropaje

El cultivo

cada día, sin parar.


Presente simpleza.

Disfruta de la vida si lo que buscas es disfrutarla. No esperes a que las circunstancias ajenas a ti te den eso que buscas, dátelo tú mismo y lo demás se ordenará. Si crees que luego de obtener un trabajo, auto, casa, parea, o lo que sea, es que será feliz, estás poniendo fuera de ti la posibilidad de lograr ese estado. Sé feliz sin importar las circunstancias, haciendo cosas que te produzcan goce genuino y duradero. Abraza, sonríe, camina descalzo, detente a mirar las nubes y los árboles, bebe un café, saluda a un amigo, escribe, siente el aroma de la tierra mojada, baña tu cuerpo en el río... si te fijas, las mejores cosas no tienen precio, pero sí muchísimo valor.