Si no se posee un carácter optimista, entonces éste se debe cultivar, pues no hay peor pereza que aquella que vive para culpar al empedrado de los fracasos y de las cosas malas que nos pasan.
El cultivo del optimismo, si bien es un ejercicio intelectual e instintivo, influye directamente en la calidad de las emociones.
Entonces ¿Qué hago si me ocurre algo malo o desagradable? Debo realizar el (a veces costoso) ejercicio intelectual de buscarle el lado amable a la cuestión (principio hermético de polaridad). Al mismo tiempo en que ocurre un hecho negativo, existe uno positivo que se está desarrollando a la par, y el trabajo consiste en descubrirlo desde el intelecto, comprenderlo, aferrarse a él y desarrollarlo, para quitarle toda fuerza a lo malo que nos haya pasado.
Mientras más rechazada sea esta idea, más años podría tomarle a una persona la comprensión de aquellas cosas desagradables que le ocurran. Mientras más apertura y autocrítica se desarrolle, entonces más sencillo le será, y menos tiempo tomará situarse en el polo positivo. Es ahí que el instinto busca hacerse presente, pues éste quiere nuestra evolución, y ésta sólo es posible cuando usamos nuestras experiencias (buenas o malas) como el abono de nuestro propio cultivo.
Santiago de Chile,
07 de julio de 2026.