Pues bien, vamos a filosofar un rato. Trataremos, como siempre, de hacer leves orificios en las paredes de lo posible ¿Qué tan costoso es ese ejercicio? Tiene lo suyo, pero no es más que una necesidad vital. Aquellos que enloquecieron de amor son los científicos que luego de tanto experimentar dieron forma al horno en el que se cocina el pan de cada día, y al grano de arena con el que se forma un espejo. Ellos permiten, ni más ni menos, la evolución humana, y es esa evolución un movimiento absolutamente indispensable para la conservación ¡La paradoja! El científico/loco de amor se quemó, y sólo así aprendimos a usar el fuego; se ahogó y así supimos que al mar se lo respeta; se tragó el veneno, y así aprendimos a desentendernos. Esto nos dice, entonces, que lo más coherente para quienes pretenden la conservación, es precisamente buscar su propia evolución. Pero ¿Para qué? ¿Cuál es el propósito? ¿La conservación en sí? ¿Un sentido patriótico? Cada cual debe encontrar su respuesta a esto.
Retomando. Pareciera ser que lo que debemos hacer es aquello que no se está haciendo ¿Me explico? Lo posible es lo que ya se ha hecho ¿Y cómo anda la cosa? Salta a la vista que la humanidad no pasa por su mejor racha, hay que hacer lo que no se hace y eso nada tiene que ver con publicitadas innovaciones que luego se convierten en moda. Aquello que aparentemente es nuevo, suele ocultar los viejos esquemas internos de ser humano ¿Qué es lo que no se está haciendo entonces? No puedo ni quiero decirlo, porque no lo sé, mas me declaro dispuesto a caminar las rutas aledañas, me hago el tiempo y trato de ver si ello concluye en algo ¿Dónde están esas rutas? Aquí mismo. De pronto te saliste de la avenida y ¡paf! llegaste a una callecita de la que te enamoraste, y era ahí mismo no más. Parece, entonces, que saber aquello que no se está haciendo está a nuestro alcance, que es una verdad tan sencilla como profunda, y que encontrarla depende de aguzar la pupila izquierda.
Llevo años tratando. A veces pinto las puertas y las vuelvo imposibles de usar. Otras veces las actividades del día se encadenan por sí solas, sin que yo oponga mayor resistencia. Otras veces, simplemente hago lo debido y me acuesto dichoso.
Posiblemente simplemente me deba ir a dormir, y demostrarme que creo en la sabiduría natural que ordenó la luz y la oscuridad.
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